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viernes, 20 de noviembre de 2009

History...?

Es extraño ver tantos rostros conocidos, tantas voces del pasado que evocan tiempos míticos donde la vida transcurría sin necesidad de entenderla…

Simplemente las gentes del ayer se presentan nuevamente en el hoy para restregarme la verdad de un mundo conocido que se desea desconocer, que se desea ignorar desde el fondo del entendimiento. Hoy en día la vida transcurre pragmáticamente entre noticias del tabloide que a nadie importan… simplemente es el hoy y el aquí, donde el sálvese quien pueda es la frase epitome del día.

Ahora, cuando tantas palabras y hechos se han vuelto indeseables entiendo los discursos volubles de quienes deben pronunciarlos, entiendo a quienes quieren ignorarles, entiendo a quienes quieren criticarles pero sigo sin entender a quienes queremos que esas voces del pasado tengan aunque sea un eco, un mensaje que enseñarnos mientras consumimos la última gota de humanidad que aun nos resta pero que insistimos en callar nuestra conciencia y permitir que todo siga igual, en que los muertos sigan muertos y los que tienen el dinero sigan lavando nuestras mentes para nunca despertar.

¿Será que la verdadera revolución depende de entender que aquellos que murieron por una idea siguan jalando nuestros pies cuando dormimos para evitar que repitiamos la maldita historia una vez más?

lunes, 13 de octubre de 2008

A dos manos

El peso de las sombras es insoportable, tal vez los miles de momentos que se evocan en la memoria recuerdan la mortalidad del héroe que protagoniza ésta tira cómica y que cada día parece tener un final aún más inconcluso.

El héroe se encuentra indefenso frente a su gran punto débil, ante aquella criptonita en que se ha convertido su propia memoria… aquella memoria que lo hunde hasta el cuello en el pantano de sus pesadillas… se sobreentendería que el tiempo ha curado todas las heridas y que la historia está ahí para aprender de los errores cometidos, de los cuales aun nada se ha entendido.

La vida se convierte en un ente sin sentido que evoca miles de emociones impropias de este ser supremo, de aquel dios de papel indestructible física y emocionalmente… tal vez sea el hecho de volver al lugar donde nunca debió estar, al que mil y un veces dijo que no regresaría… tal vez se deba a sentir nuevamente aquel dolor agónico que le atraviesa el pecho por entender quién es realmente, por ver los millones de imágenes disimiles de su muerte anterior, por ver cómo su ego y su invulnerabilidad cayeron hechas añicos por un simple “de nada sirve, es muy tarde ya”…

Hoy el héroe ha muerto nuevamente, así como alguna vez en los tiempos remotos alguien asesinó lo sobrenatural para dejar a los mortales el gozo de esta tierra prometida… nuevamente se evocan aquellas preguntas de tiempos míticos ¿Qué hago aquí?

De pronto la respuesta se encuentre en la necesidad de socializar con los de una misma especie, con las almas en pena que también han dejado sus mundos de papel idolatrizados y han despertado en un oscuro callejón siendo humanos, aquellos que despiertan en medio de la noche devanando sus sesos en búsqueda de aquello que nuevamente los haga eternos… Pero es imposible que la eternidad sea alcanzada por la vileza de nuestras almas…

No se cuan vil sea aquella búsqueda, uno de tu especie te dice que erró en mil momentos buscando encontrar una razón de peso que le diera algún sentido a un existir y decidió dejar de buscar… déjese encontrar así usted no pueda encontrarme… perdón si mi búsqueda ha encontrado que todo es mierda menos nuestra esencia…

miércoles, 9 de abril de 2008

23 de Enero de 1898 - 9 de Abril de 1948

"Señor Presidente Mariano Ospina Pérez:

Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra Excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria.

En todo el día de hoy, Excelentísimo señor, la capital de Colombia ha presenciado un espectáculo que no tiene precedentes en su historia. Gentes que vinieron de todo el país, de todas las latitudes —de los llanos ardientes y de las frías altiplanicies— han llegado a congregarse en esta plaza, cuna de nuestras libertades, para expresar la irrevocable decisión de defender sus derechos. Dos horas hace que la inmensa multitud desemboca en esta plaza y no se ha escuchado sin embargo un solo grito, porque en el fondo de los corazones sólo se escucha el golpe de la emoción. Durante las grandes tempestades la fuerza subterránea es mucho más poderosa, y esta tiene el poder de imponer la paz cuando quienes están obligados a imponerla no la imponen.

Señor Presidente: Aquí no se oyen aplausos: ¡Solo se ven banderas negras que se agitan!

Señor Presidente: Vos que sois un hombre de universidad debéis comprender de lo que es capaz la disciplina de un partido, que logra contrariar las leyes de la psicología colectiva para recatar la emoción en un silencio, como el de esta inmensa muchedumbre. Bien comprendéis que un partido que logra esto, muy fácilmente podría reaccionar bajo el estímulo de la legítima defensa.

Ninguna colectividad en el mundo ha dado una demostración superior a la presente. Pero si esta manifestación sucede, es porque hay algo grave, y no por triviales razones. Hay un partido de orden capaz de realizar este acto para evitar que la sangre siga derramándose y para que las leyes se cumplan, porque ellas son la expresión de la conciencia general. No me he engañado cuando he dicho que creo en la conciencia del pueblo, porque ese concepto ha sido ratificado ampliamente en esta demostración, donde los vítores y los aplausos desaparecen para que solo se escuche el rumor emocionado de los millares de banderas negras, que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres villanamente asesinados.

Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia.

Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad.Amamos hondamente a esta nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable.

Señor Presidente: En esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!

Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!

Impedid, señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia.

Señor Presidente: Nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y este grito mudo de nuestros corazones solo os reclama: ¡que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis que os traten a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a vuestros bienes!

Os decimos finalmente, Excelentísimo señor: Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio. ¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!"

7 de Febrero de 1948, Marcha del Silencio.

"Parece que a este nuestro pueblo, al igual del personaje de Poe, lo ha invadido la irremediable cobardía de no abrir los ojos, no tanto por esquivar la visión de horribles cosas cuanto por el fundado temor de no ver nada."

"Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal."

"Cercano está el momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es el pueblo y no una multitud anónima de siervos."

Jorge Eliécer Gaitán