Mostrando entradas con la etiqueta Razón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Razón. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de octubre de 2008

Firmamento

Tanta gente alrededor, tantos sonidos extraños, propios de la gran urbe cosmopolita que en los últimos días se asemeja al pailón más caliente del infierno se perciben las voces de almas en pena, unas voces que buscan develar las grandes verdades de la miserableza humana, que se desvanecen en medio de este aire caliente que atiborra mis sentidos…

¿De qué sirve entender el mundo cuando no te entiendes a ti mismo?... Explicaciones causales, teorías e hipótesis sin sentido que aún no logran justificar el por qué… ¿Por qué estoy aquí?

En medio de un mundo de sombras, de fantasmas y espantos mi cerebro recocido por los vapores del ambiente se nubla turbiamente, tal vez anunciando la llegada de la tormenta devastadora que limpiará el purgatorio, la escena de este crimen, y que tal vez permita al nuevo orden despejar un poco el firmamento para que el hombre alado alcance el horizonte nuevamente.

lunes, 17 de septiembre de 2007

“Verdades Absolutas”

Los vapores del licor y el olor penetrante de alguna comida rápida atosigan los sentidos mientras la cabeza se debate entre la razón y la locura, los sentimientos se esconden en el fondo del pecho con intención resignada de nunca más ver la luz del sol.

Los adelantos del ingenio humano han hecho mas fácil el uso de las mascaras emocionales; se ha privilegiado un mundo de apariencias donde la única tabla de salvación que flota en el oscuro océano es el escepticismo frente al malvado ser humano, en la incredulidad de las palabras y de los actos. Vivimos el tiempo más oscuro de nuestra historia, el momento en que se han abierto los ojos a la triste realidad de estar rodeados de enemigos, quienes aunque no entiendan concientemente la naturaleza de su verdad y la nieguen obsesivamente, terminan dando rienda suelta a sus instintos...

¿Pero quien soy yo para juzgarlos?... A fin de cuentas el animal humano también habita en mi. Trato de ser precavido, escéptico y desconfiado de las “verdades absolutas” de la gente porque veo en mi las mismas actitudes hacia los otros. Tal vez sea por esto que la idea del huraño alejado de todo y de todos sea tan atractiva, tan obsesivamente compulsiva y deseada.

Es en este tiempo cuando los miedos se han apoderado de la vida humana y el sociabilizar se convierte en un acto de insensatez abrumadora...

¿Aún se puede confiar en alguien?¿Queda esperanza alguna para el género humano?

No hay forma de salvar aquello que se ha condenado desde su misma infancia y nosotros, los seres humanos, nos hemos condenado desde la primera inhalación de oxigeno que llegó a nuestros pulmones, destruyendo (conciente o inconscientemente) todo aquello que nos rodea, labrándonos nuestro propio camino al oscuro abismo.

Es en días grises como el de hoy, en que la nostalgia se apodera de las reflexiones y los deseos de alterar la conciencia con brillantes inventos culturales toman las riendas del cuerpo y el espíritu, la necesidad de encontrarle una respuesta lógica a las preguntas se establece como el aliciente para respirar nuevamente, para levantarse un día más pretendiendo ver en otros la bondad y la esperanza en que no todo está perdido aún.

¿Existe alguien que pueda decir algo al respecto?

jueves, 30 de agosto de 2007

I'm so sick of this place...

En una disciplina como la que pretendo profesar, en decenas de horas de clase, miles de páginas de autores se nos ha enseñado el papel fundamental que ha jugado la razón en el desarrollo de la especie humana.
Pero me preguntó hoy, con el corazón acongojado por el horror y la crueldad de la que somos capaces los “seres humanos” con nuestros semejantes… ¿para qué nos ha servido nuestro omnipotente y despampanante raciocinio?
Desde la comodidad de mi casa, sentado frente a un televisor, me llena de incertidumbre y de impotencia ver el testimonio, tan lejano para muchos de nosotros, de las victimas que nuestro conflicto irracional deja como meras estadísticas gubernamentales y que desde acá (la pujante ciudad capital) parecen escenas de una oda a una guerra de otro mundo, concebida en la mente extraña de un escritor amarillista que nos monta un escenario paupérrimo para esta pujante y racional humanidad.
Pero, como es costumbre, la realidad nos abofetea inclemente dejando en evidencia la podredumbre a la que puede llegar el “alma” del “ser humano” y nos encara al sufrimiento y la realidad de miles de personas que han visto como partes de sus cuerpos han volado por los aires, consecuencia de un invento macabro diseñado para defender algún ideal estúpido producto de alguna de nuestras “brillantes” mentes, las mismas que nos tienen hoy en el punto más alto de la cadena trófica y a puertas de nuestra propia extinción.
Es en este momento cuando las ideas se piensan también como un arma de destrucción masiva, donde se debe considerar la potencia destructiva de cada palabra, escrita o pronunciada tiene en un futuro no muy lejano de nuestra historia evolutiva… ¿vale la pena seguir acumulando saberes y teorías que, posiblemente en algunos años sean tomados como bastiones de otra guerra inescrupulosa? ¿sirve de algo seguir con esta tradición intelectual que, aunque nos alejo de las cavernas, de la carne cruda y de ser cazados por las fieras nos ha moldeado en un empaque deforme donde la indolencia se ha convertido en el discurso de moda en las aulas y espacios virtuales como este, desde donde hablamos con indiferencia sobre la realidad que “los otros” enfrentan y que para nosotros solo se representan en una fría e inclemente estadística que cuantifica los efectos colaterales de los modelos teóricos que aprendemos a pie juntillas?
Es en este momento donde la pregunta ¿qué es aquello que nos hace humanos? Pierde todo sentido y respuesta, nublando el panorama utópico donde se piensa que aún hay algo que se puede rescatar, donde la idea de que lo aprendido en la academia pueda ser usado en beneficio de esta especie corrompida que, tal vez, lo único que merezca sea su propia extinción.